Columna de Opinión

África lanza el AfCFTA, nueva señal a la integración

"Este acuerdo además de las señales políticas, representa una oportunidad para exportar más productos intensivos en mano de obra y no recursos naturales, que es lo que hoy compone el comercio del continente".

En 1963 es cuando se crea la Organización para la Unidad Africana, precedente de la actual Unión Africana, se planteaba como objetivo lograr un continente unido, que a través del trabajo mancomunado y la integración de los mercados, en particular en un momento de descolonización, podría surgir y aumentar su desarrollo. Este objetivo no se ha logrado. A través de los años, los intentos han sido principalmente inconclusos o fallidos. Pero este domingo 7 de julio de 2019, en la cumbre extraordinaria realizada en Niamey, Níger, y tras 4 años de negociación, se lanzó oficialmente la Zona de Libre Comercio Continental Africana (AfCFTA por sus siglas en inglés), la cual entrará en vigor en 2020, gracias a un fuerte liderazgo del presidente de Ruanda Paul Kagame. 

Con esto se firma el acuerdo de libre comercio con más países en el mundo, solo superado por el establecimiento de la Organización Mundial del Comercio en 1994. El AfCFTA, que inicialmente firmaron 44 países en marzo de 2018, ha concretado el último paso que fue la adhesión de Nigeria, país que faltaba por señalar reticencias ante posibles problemas de dumping, contrabando y reglas de origen; país que este domingo, a través de su presidente, Muhammadu Buhari, firmó el Acuerdo, llegando al total de 55 naciones del continente.

África, al igual que América Latina, tiene desafios relevantes en materia de integración económica. El continente tiene un bajo nivel de comercio intrarregional, el cual solo llega a un 18%, comparado con el 69% de Europa o Asia con 59%. Sus sistemas de transporte e infraestructura son de pésima calidad, reduciendo la conectividad entre los países de la región, los mismos que enfrentan desafíos energéticos de gran envergadura. La firma de este acuerdo no solucionará estos inconvenientes, pero debería generar la infraestructura jurídica para facilitar la integración de los países africanos y establecer, de esta manera, certidumbre y acceso a los mercados que fomenten la integración en otras áreas deficitarias. 

Este acuerdo además de las señales políticas, representa una oportunidad para exportar más productos intensivos en mano de obra y no recursos naturales, que es lo que hoy compone el comercio del continente. Los expertos han manifestado su preocupación porque este acuerdo pudiese ser aprovechado principalmente por las economías más industrializadas del continente y con efectos menos positivos en las más débiles. África ha tenido en los últimos años un crecimiento demográfico explosivo, es decir, una población que no invierte su pirámide con un alto envejecimiento, una clase media en expansión y cinco economías africanas entre las seis que más crecen del mundo, esto sin olvidar que solo tres de los países concentran el 50% del PIB del continente.

El tratado es ambicioso, con calendario de desgravación inmediata del 90%, y que recorre aspectos desde las barreras arancelarias hasta pagos digitales. Debe buscar espacios de cooperación y complementación, que hoy no resultan evidentes. El movimiento de personas es un tema espinoso, que no se aborda plenamente, una alta mayoría de países impone visas para el tránsito entre ellos. La relación con el resto del mundo impone otra interrogante: cómo el acuerdo permitirá a los países africanos insertarse de mejor manera en las cadenas globales de valor, principalmente con China, donde este tratado abre enormes posibilidades dado el interés que ha demostrado este país en la inversión en África.

Sin embargo, existen algunas interrogantes, una de ellas es la convivencia de este acuerdo con los que ya existen en la región, como el caso de las comunidades económicas regionales: Comunidad Económica de Estados de África Occidental, Comunidad Africana Oriental, Comunidad de Desarrollo de África Austral o el Mercado Común de África Oriental y Austral, de los cuales países como Kenia pertenecen a más de uno. Esta multiplicidad de acuerdos trae el recuerdo del spaguetti bowl, pero se espera sea este el que prime y genere las condiciones de acumulación e intercambio que permitan impulsar el desarrollo del continente.

Todo sabemos que la firma es solo el inicio de un camino que puede ser complejo frente a todas las aspiraciones que los países africanos han depositado en este acuerdo. La voluntad política de sostener el AfCFTA es un pilar en una región con escasa estabilidad en algunos países, y que representa un elemento que puede cooperar a la paz e impulsar el desarrollo.

Finalmente, cabe destacar el momento en el cual se logra esta firma. El AfCFTA viene a reforzar las señales que hace unos días recibiéramos tras la conclusión de las negociaciones entre la UE-Mercosur. En el marco de inestabilidades en materia comercial, resurgimiento de proteccionismos y voces contrarias a la integración de los mercados, estos mega-acuerdos demuestran que en el mundo aún existe una percepción positiva de los procesos de integración, y que esta logra primar, contrario a fuerzas nacionalistas que se escuchan cada vez más.

 

Profesores Dorotea López Giral y Felipe Muñoz Navia.

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