Pre acuerdo entre EE.UU. y China

Una tregua que hay que tomar con cautela

El reciente anuncio del Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sobre un pre acuerdo con China que pondría fin a la denominada Guerra Comercial entre ambas economías ha llenado de optimismo a diversos actores alrededor del mundo. Tras más de quince meses de enfrentamientos en los que se han implementado diferentes medidas proteccionistas y cerrado mercados, parece abrir un espacio de esperanza para el desarrollo del escenario económico internacional de los próximos meses. El acuerdo, que aún debe ser redactado, incluiría aspectos relativos al acceso a mercados, sobre todo de productos agrícolas, propiedad intelectual, manejos cambiarios y servicios financieros. En lo inmediato, EE.UU. se ha comprometido a no subir los aranceles a las importaciones provenientes de China, que esta semana debían llegar hasta un 30%, mientras el resto de las sobretasas se mantendrán vigentes al menos hasta la firma del acuerdo. China se compromete a aumentar sus compras de productos agrícolas estadounidenses, lo que para Trump se ha transformado en una de sus principales victorias. Sin embargo, la mirada del déficit comercial sobre la base del comercio de bienes, sin incluir los superávit en materia de servicios, sigue siendo un tópico de debate, y algo que en el marco de la reunión de Bancos del G30, el gobernador del Bando Central Chino recordó y llamó a analizar. 

Los efectos de la guerra comercial se empezaban a sentir en los diferentes mercados, con reducciones de la demanda internacional, caída en los precios de los principales commodities, aumento de precios en los mercados domésticos, interrupciones en los suministros de las cadenas globales de valor, sobre todo con un alto grado de impacto en la certidumbre del sistema internacional. La pérdida de confianza ha sido uno de los principales resultados de la guerra comercial, toda vez que los acuerdos existentes así como los avances alcanzados en materia de liberalización e integración comercial se veían expuestos a medidas proteccionistas unilaterales.

A pesar que la economía estadounidense ha mostrado un desempeño positivo, la recuperación de la misma no ha estado al nivel de las expectativas, con tasas de crecimiento del producto y los salarios por debajo de lo esperado. Asimismo, muestra una señal positiva respecto de la institucionalidad y racionalidad sobre la cual se ha construido la política comercial de Estados Unidos en los últimos meses, donde no es solo el reflejo de declaraciones incendiarias, sino que responde a estructuras analíticas que consideran, por ejemplo, la presión inflacionaria que generan las próximas compras navideñas, y donde el espacio de la política monetaria comienza a agotarse, siendo necesaria la generación de expectativas positivas por parte de otros instrumentos. 

Inesperadamente Chile aparece como el más probable escenario para la reunión entre los presidentes Trump y Xi. Si bien ser el escenario del encuentro entre ambos líderes puede parecer algo meramente circunstancial, no lo es y refleja la relevancia que APEC y Chile tienen en la construcción del sistema económico internacional. En primer lugar, si bien el acuerdo no ha sido negociado en el marco de APEC, se trata de una negociación bilateral entre ambos países. APEC se ha situado como un foro donde sus economías pueden llegar a acuerdos y avanzar en pos de la integración comercial. En años precedentes, diversos acuerdos comerciales han sido iniciados o concluidos utilizando la Cumbre de Líderes como escenario, ya que al ser un foro no vinculante, permite y promueve el desarrollo de negociaciones de carácter preferencial. Independiente de los resultados propios del año APEC Chile 2019, el fin de la guerra comercial sería el gran resultado de esta reunión, y daría a Chile un rol protagónico en el fin de este conflicto.

Segundo, Chile es un ejemplo del tránsito que está realizando la economía mundial, hoy tiene estrechos vínculos comerciales con ambos países, incluyendo tratados de libre comercio vigentes. El país se ha visto afectado por los efectos de esta guerra, con reducciones de sus exportaciones y la caída del precio del cobre, y su consiguiente impacto sobre el crecimiento económico interno. El anuncio mejorará las expectativas nacionales de cara al 2020 tras los mediocres resultados obtenidos en 2019.

A pesar del entusiasmo que genera el acuerdo, cabe destacar que el mismo viene a profundizar la crisis que vive el sistema multilateral. El hecho que se esté apelando a acuerdos bilaterales que administren el comercio muestra cómo instituciones como la Organización Mundial del Comercio -foro natural donde este tipo de disputas debería resolverse- ha perdido protagonismo. No es evidente que el acuerdo entre EE.UU. y China cumpla con los principios de no discriminación establecidos en la OMC y sobre los que se ha basado la apertura comercial en los últimos años, y puede resultar un precedente negativo para futuras negociaciones, toda vez que se está apelando a un comercio dirigido según las necesidades específicas de algún actor. Que el impacto positivo que este acuerdo pueda tener sobre el comercio y el crecimiento en el corto plazo no nuble los impactos sistémicos que puede generar, los cuales en el largo plazo pueden ser muy perjudiciales para economías pequeñas, como Chile, que dependen de la existencia de reglas y certidumbre para su desarrollo e inserción internacional.

Dorotea López Giral y Felipe Muñoz Navia

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